
NO ENCUENTRO BOLÍGRAFO QUE NO ESTÉ IMPREGNADO DE TRISTEZA
Varios escritos sobre tí, un relato donde eras la parte protagonista y hace apenas 15 minutos uno largo que me reservo para mí. Solo me apetece silenciarte.
Melancolía es lo que defiendo. La tristeza es otro estado más allá del mundo melancólico. Un estado más oscuro y derrotista, una marca más apática del día. Hoy, atípicamente en mí, siento tristeza. Una tristeza sublime, una tristeza que también me aporta un dolor poético. Una especie de arañazo en las yemas de los dedos, un corte en la tinta de mi bolígrafo.Siento un hueco, un indiscreto hueco que me dura casi 24 horas. Un hueco no de negativa a la aceptación, sino un agujero escocido en algún lado del alma.
Este día sabía que llegaría. Miraba la parte más brillante de mis estanterías e intuía un dolor si llegaba, pero realmente lo desconocía o creía más minúsculo.Me regalas media vida mía de seguimiento, de refugio cuando buscaba leerte o escucharte, de horas anidada en tus palabras cuando me las cruzaba, de infinitas noches que fuiste el trampolín hacia la forma de mis bailes de palabras.Me regalas una admiración... la que te profeso, la que siempre por bandera invisible corrió de mis manos a otras, y de ahí a la caricia común del mundo.
Siempre inmenso Mario, siempre.
Gracias, por compartir la lucha y la poesía, la narrativa y el ensayo de toda una vida.
¿Qué es la vida sino un ensayo de la eternidad?
Te deseo el descanso más merecido Mario, D. Mario... así como la permanencia de toda la luz de la que te has ido curtiendo los entresijos del alma.
Infinitas gracias eterno maestro. Mi más admirado literato.



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