Foto: Café Gijón · 2006... que este mundo se mueva por ilusiones
Puedo decir, con la claridad orgullosa, que tuve la suerte de tener un guía espiritual personal en vida. Esa persona con la que hablar sobre las entrelíneas de la vida, con la que alejarse del globo y observarlo todo desde fuera, en compañía. Esa persona con la que el tiempo se detiene frente a las palabras, y no hay instante en el que no sientas que la comprensión lo mueve todo. Varias veces escribí sobre él.
Era yo muy cría, pero antes de que partiera, al mundo que te aleja de éste, me pilló en época de frustración artística y/o existencial, quizá también en una de cambio individual y reestructuración neuronal. ¡A saber!
Nació en Guinea, cuando llegó a España realizó las carreras de Filosofía, Inglés, y Psicología. Tuvo la suerte de dejar en este camino varios libros escritos y vividos, así como ser Premio Alfons el Magnànim.
Amigo de la familia, me vió crecer desde los 8 años, así como tropezarme y salvarme a los 17. Salvador y guía... al que le debo sin deber y sin esfuerzo la admiración y el recuerdo.
La vida nos volvió a cruzar a mis 27, cuando ya el cáncer era dueño de su cuerpo, y fue en ese instante, cuando el tiempo y la madurez hizo que compartiéramos palabras que una guarda como tesoros.
Para mí siempre fue primordial el compartir. En esta vida es necesario no dejar en el silencio las visiones que quisieras masticar entre giros, aprender inconscientemente de las ajenas, jugar al ir y venir del departir y crecer ... sobre todo crecer.
Todo ser, como todo elemento posee su aura, en él se sentía, se palpaba en sensaciones, se le descubría inmenso.
Dejó un legado en cada persona que conoció que aún plaga de lágrimas sus rostros cada vez que lo recuerdan.
Mi legado más inmenso fue el conocerlo, y el recuerdo; una frase que me dijo que aún retumba en mis ideas y la cual nunca creí merecer: " Karla, eres un verdadero volcán en erupción, un incesante torbellino de reflexiones, inquietudes que te distancian poco a poco del pensamiento común de los mortales. En realidad, lo que haces, es lo que cualquier mente inquieta, cualquier filósofo hace todos los días". Así como al leer mi relato y escritos; "Qué duda cabe que tu creación sin previa idea es un don que a mí me recuerda a aquellas tertulias entre poetas por los cafés de Madrid".
El año que murió, mis pies me llevaron al Café Gijón. Tantos viajes a Madrid, tantos conciertos y nunca saqué tiempo para acudir al lugar donde realmente deseaba descansar.
Nada más entrar deseé tenerlo en frente, tomarnos un café y no pensar en lo que quizá hubiéramos hablado, que estoy segura que hubiera empezado por hacer una comparativa de Niebla de Unamuno y el relato que escribí a los 22 (El café de Genaro). Una de las frases que me escribió en un mail y hoy recupero: "Genaro representa para mí, aquellos momentos en los que la persona saca a flor de piel toda su espiritualidad, toda la profunda palpitación del espíritu, y a la vez, una gran liberación de algo que oprime o ahoga el alma".
Puedo decir, con la claridad orgullosa, que tuve la suerte de tener un guía espiritual personal en vida. Esa persona con la que hablar sobre las entrelíneas de la vida, con la que alejarse del globo y observarlo todo desde fuera, en compañía. Esa persona con la que el tiempo se detiene frente a las palabras, y no hay instante en el que no sientas que la comprensión lo mueve todo. Varias veces escribí sobre él.
Era yo muy cría, pero antes de que partiera, al mundo que te aleja de éste, me pilló en época de frustración artística y/o existencial, quizá también en una de cambio individual y reestructuración neuronal. ¡A saber!
Nació en Guinea, cuando llegó a España realizó las carreras de Filosofía, Inglés, y Psicología. Tuvo la suerte de dejar en este camino varios libros escritos y vividos, así como ser Premio Alfons el Magnànim.
Amigo de la familia, me vió crecer desde los 8 años, así como tropezarme y salvarme a los 17. Salvador y guía... al que le debo sin deber y sin esfuerzo la admiración y el recuerdo.
La vida nos volvió a cruzar a mis 27, cuando ya el cáncer era dueño de su cuerpo, y fue en ese instante, cuando el tiempo y la madurez hizo que compartiéramos palabras que una guarda como tesoros.
Para mí siempre fue primordial el compartir. En esta vida es necesario no dejar en el silencio las visiones que quisieras masticar entre giros, aprender inconscientemente de las ajenas, jugar al ir y venir del departir y crecer ... sobre todo crecer.
Todo ser, como todo elemento posee su aura, en él se sentía, se palpaba en sensaciones, se le descubría inmenso.
Dejó un legado en cada persona que conoció que aún plaga de lágrimas sus rostros cada vez que lo recuerdan.
Mi legado más inmenso fue el conocerlo, y el recuerdo; una frase que me dijo que aún retumba en mis ideas y la cual nunca creí merecer: " Karla, eres un verdadero volcán en erupción, un incesante torbellino de reflexiones, inquietudes que te distancian poco a poco del pensamiento común de los mortales. En realidad, lo que haces, es lo que cualquier mente inquieta, cualquier filósofo hace todos los días". Así como al leer mi relato y escritos; "Qué duda cabe que tu creación sin previa idea es un don que a mí me recuerda a aquellas tertulias entre poetas por los cafés de Madrid".
El año que murió, mis pies me llevaron al Café Gijón. Tantos viajes a Madrid, tantos conciertos y nunca saqué tiempo para acudir al lugar donde realmente deseaba descansar.
Nada más entrar deseé tenerlo en frente, tomarnos un café y no pensar en lo que quizá hubiéramos hablado, que estoy segura que hubiera empezado por hacer una comparativa de Niebla de Unamuno y el relato que escribí a los 22 (El café de Genaro). Una de las frases que me escribió en un mail y hoy recupero: "Genaro representa para mí, aquellos momentos en los que la persona saca a flor de piel toda su espiritualidad, toda la profunda palpitación del espíritu, y a la vez, una gran liberación de algo que oprime o ahoga el alma".
Con los años me dí cuenta que en ese tiempo sí tenía oprimida el alma, y buscaba en un ente de ficción una necesidad de encontrarme frente a mi yo para sentirme compartida. Qué curiosa es la vida, y cómo ésta regaló y regala cruces y más cruces como reflejos.
Recuerdo guardar silencio. Mirar a la persona que me acompañaba y desenfundar mi libreta. Seguí guardando silencio. Supo que era mi momento, como tantos otros, pero éste era quizá más especial que cualquier servilleta en cualquier bar de cualquier ciudad.
Releo y me siento cambiada la escritura, imagino que como cambian las pieles con el paso de los años, pero releo y vuelven todas aquellas silenciadas emociones que, al fín y al cabo, son lo que hacen que este mundo se mueva por ilusiones.
Recuerdo guardar silencio. Mirar a la persona que me acompañaba y desenfundar mi libreta. Seguí guardando silencio. Supo que era mi momento, como tantos otros, pero éste era quizá más especial que cualquier servilleta en cualquier bar de cualquier ciudad.
Releo y me siento cambiada la escritura, imagino que como cambian las pieles con el paso de los años, pero releo y vuelven todas aquellas silenciadas emociones que, al fín y al cabo, son lo que hacen que este mundo se mueva por ilusiones.
(Karla · 16 de Febrero de 2009)
Café y recuerdo en el Café Gijón · 2006ESTOY BARRIENDO SENTIRES
Estoy barriendo sentires sin dejar caer los párpados sobre estas ilusorias retinas. Aquí... en una caja de tiempo con freno en pasados poetas, con presente en forma de huellas pictográficas.
Mi café son palabras revueltas, palabras en silencio, palabras arrinconadas en las maderas escritas, palabras selladas. Palabras en la sencillez curtida de un anciano, que rodeado de papeles, se embarca en su mundo de letras, su mundo de quehaceres. Aterrizo a los 28, a cualquier hora de Julio, en el Café Gijón, la cuna de la tertulia, el reflejo de las ideas. ...
Vengo porque es como acudir al lugar donde otros encendieron las farolas que tanta luz dieron a mi camino. Vengo por lo esencial que se hace acomodar mi mano en un mesa donde se crearon leyendas en conjunción, porque hubo un día en el que las paredes encerraron en espacio a las artes con ventanas de libertad.
Vengo por sentir el homenaje de mi más destacado placer, por divagar sobre el hecho de mis propios hechos; que no es más que apalabrar la dejadez de un bolígrafo sobre la vitalidad de una mano enraizada al pensamiento. Vengo porque mis actos individuales hubo un tiempo en el que se vivieron entre otros en conjunto, porque no hay más placer en vida que sentirse compartido... más allá de los pasados, más allá de los presentes.
EL CAFÉ GIJÓN Y TU RECUERDO
Cuánta palabra creaste inconscientemente en mi lenguaje.
Te recuerdo desde el Café Gijón, desde el lugar donde nacieron tertulias de sociedad inquieta y poeta; aquellas que tú comparaste con mi volcán interior en erupción; con mi escritura.
Te recuerdo entre palabras que me recuerdan a mí misma en experiencia. Qué alta belleza la de la palabra ¿verdad? Cuántas alas desplegadas sobre el mundo que no siempre se frena a recorrerlas y palparlas.
Qué gran viaje el recorrido del lenguaje escrito, qué emotiva interpretación la vocal del recital.
Pasa el tiempo, y en cada escama de piel voy soltando mis motivos, mis delirios conscientes, mis más anclados pensamientos.
Pasa el tiempo y sigo escribiendo... Sigo precisando volarme alrededor de mis cuerdas personales, de mis vientos de puntos cardinales, de mi ajedrez de tinta. Pasa el tiempo y cada hoja en blanco es como ese sueño que se pinta de color más allá de las propias realidades.
A D. Jose Mª Valcárcel, en su memoria.
Krla - 2 de Julio de 2006 · Café Gijón (Madrid)



1 comentario:
misma situación, mismo sentimiento...
(http://www.youtube.com/watch?v=SxitYIT-B-o)
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